El oro afgano

Oro afgano

Oro Afgano

Aunque la historia esconde infinidad de secretos, nos ha revelado muchos otros, como por ejemplo la conocida leyenda del oro afgano, la cual nació en Londres de 1867 cuando un numismático francés compró a un mendigo una moneda de oro de más de seis centímetros de diámetro y un peso de 169 gramos.

Se llevó a estudiar la moneda y fue calificada como la moneda de oro más grande de la antigüedad, remontándose al siglo II a.C, a la época de Eucrátides, quien fuese monarca de Bactriana, lo que hoy en día es Afganistán. De este rey se puede decir que tenía ascendencia griega gracias a la importante expansión del imperio heleno en época de Alejandro Magno, quien había conquistado la región en el siglo IV a.C, momento en el que se acuñaban estas curiosas monedas.

En el año 80 de nuestra era, los kushan, una mezcla de diferentes tribus de la meseta de Asia Central, arrasaron toda la zona, apoderándose del tesoro de Bactriana y acabando con cualquier resquicio de la cultura de esta zona.

Todo parecía seguir enterrado por el manto del tiempo y la historia pero en 1867 la moneda volvió a ver la luz, lo que ocasionó que se despertase un gran interés en explorar aquella zona para buscar aquel fastuoso tesoro, expediciones que recuerdan a la búsqueda del Dorado.

Oro afgano

Monedas Bactrianas

En el año 1922, el arqueólogo Alfred Fucher, organizó la primera excavación, pero no tuvo resultados positivos. Tuvieron que pasar unos años hasta que en otra excavación en Kunduz, al norte del país, encontró un depósito repleto de monedas de plata, confirmando la importancia de este lugar.

Tiempo después y durante una cacería, el rey de Afganistán Mohamed Zahir Shah descubrió un extraño triángulo bajo el suelo y ordenó su investigación. En poco tiempo se descubrió que formaba parte del contorno de lo que antaño había sido una ciudad griega. Ya en el año 1973, la presencia de los soviéticos era cada vez mayor y uno de sus más reputados arqueólogos, Víctor Sarianidi, comenzó a realizar excavaciones en Shibargan, donde encontró Yemshi Tepe, una ciudad que los kushan arrebataron a los griegos.

En ese lugar encontró una cámara funeraria de una mujer cubierta completamente de oro desde los pies a la cabeza, lo que hizo que este arqueólogo intensificara los trabajos pero debido a la inestabilidad política que vivió el país en 1978 tuvo que abandonar las excavaciones mientras eran atacados por los muyahidines.

La situación cada vez era más compleja en aquel rincón del mundo y mientras Sarianidis esperaba a que se calmasen las aguas, pudo estudiar y catalogar muchas de las piezas capturadas, nada menos que 20.600 piezas de oro, confirmando la importancia de aquel yacimiento y proponiendo al Gobierno de la URSS una nueva expedición. En 1989, y después de la retirada de las tropas soviéticas, muchos afganos pensaron que se habían llevado consigo el tesoro bactriano aunque no sabían que había sido escondido en la cámara de seguridad del Banco Central de Afganistán.

No era una cámara cualquiera, era un búnker subterráneo al que solamente podía llegarse mediante tres ascensores y donde sólo podía ser abierto accionando siete llaves a la vez, donde los poseedores de las llaves fueron desperdigados por el país y algunos rincones del planeta para salvaguardar tan importante tesoro.

Con la llegada de los talibanes en el año 1995 se intentó penetrar en el búnker para hacerse con el tesoro pero no pudieron acceder a él ni en un primer, ni en un segundo, ni en un tercer ataque. El último ataque, después de haberlo intentado con armas cortas y artillería media, se intentó hacer por las bravas, con explosivos, pero los empleados revelaron información muy importante: la cámara estaba construida de tal forma que si explotaba, se caerían sobre ella todas las plantas superiores, por lo que los talibanes no pudieron acceder al interior de la cámara.

Tras ser derrocado el régimen talibán se formó un gobierno interino donde el presidente reunió a los siete poseedores de las llaves, quienes bajaron a la cámara y la abrieron, descubriendo la ingente cantidad de oro en una cámara principal y en otra más pequeña el importante oro afgano, que resistió contra todo pronóstico.

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  1. Chepita Mérida

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